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La Columna de Javier Piedrahita 

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En la red, la multiplicación vía boca a boca, no esta garantizada
 

Estimada/o lectora, lector de la Comunidad del ICEMD,

Seguimos con nuestra expedición/aventura al continente del nuevo marketing que estamos descubriendo juntos con esta columna. Hoy entramos en la densa jungla de las “web communities”. Queremos averiguar lo que realmente pueden significar para nuestro nuevo marketing en 2008. Para ello nadie mejor que escuchar lo que en GDI Impuls verano 2007 nos dice Johannes Eisenhut, CEO de "Department".

Lo primero que vemos es que las comunidades online son grupos de intereses afines que aparecen en “terrenos libres, no controlados”. Con lo cual la exigencia de algunos que piden crear comunidades marketing 2.0 alrededor de un producto o servicio, puede ser problemática. Las communities deben surgir, no se las puede construir. Eso sí, las web communities van mucho más allá de la comunidad que surge y se nutre de una identidad geográfica como lo es una región concreta o nación. Las personas buscan el intercambio fructífero con sus iguales. Todos nosotros tenemos conocidos con lo que no hay más que un superficial “small talk”. Luego están los amigos con los que las conversaciones son más profundas y que te llevan a nuevas ideas. Te introduces a ti mismo y te sientes comprendido. Personas así se encuentran más fácilmente si la cosa se centra sobre un tema concreto. Los amigos del jardín se encuentran en sites orientados a la naturaleza. Amantes de la conducción rápida encuentran a los suyos en plataformas dedicadas al motor.

Se dice que las comunidades son el camino dorado hacia el cliente. Y claro que un club de conductores de Porsche puede jugar un papel relevante para la marca. Estos grupos nacen siempre allí donde las personas se ayudan mutuamente para entender algo mejor, o para vivir algo en común que no tienen con personas de su entorno geográfico. Todo un camino de reyes hacia el cliente... Son personas muy receptivas que apenas se ponen a cubierto. Están tan desprotegidos como en su salón de casa. Existen dos mecanismos que conducen una comunidad de marcas exitosa: uno es el “good will”, el efecto “pull”, que me arrastra hacia la plataforma porque allí me siento bien. El otro es el “peer pressure”, el efecto “push”, que me lleva porque la gente de mi entorno dice que allí tengo que estar. Ambos efectos apenas se pueden dirigir. Ese es el precio que paga una marca por “su” comunidad. Es bueno tener al consumidor allí donde baja la guardia. Pero no debes creerte que los puedes atar y obligar, pues muy pronto te cargarías el “good will” y el “peer pressure”. El objetivo de una asociación es la democratización, la autogestión. Los socios del club Porsche buscan aproximarse más a su marca. En el momento en el que la marca intenta aprovecharse de los socios del club todo esto pierde de inmediato su equilibrio.

¿Comunidades como finalidad en sí misma versus comunidades como resultado de un producto? Resulta que existen comunidades funcionales y comunidades estéticas. Entre las primeras habría que contar las plataformas busca amigos o “friend finder”. Las segundas son más exclusivas. En ellas se encuentran personas con ciertas exigencias estéticas, que leen libros parecidos, escuchan un tipo de música. Incluso pueden ser comunidades exclusivas ya que una marca seria, del mundo de la moda por ejemplo, no permite la entrada a su community a cualquiera ni se dirige a todos. Vemos cómo, desde el instrumento de las comunidades, que en un principio era la forma de organizarse la vida entre un par de amigos, surge un fenómeno emocional que libera fuerzas de enlace porque ayuda a encontrar a iguales. Si pioneros de red crearon plataformas sociales para el intercambio de las personas, los venture capitalistas vieron en ellas una oportunidad y querían sobre todo público. Su lema: ¡generar usuarios! (en vez de producir tantos productos que sólo atan capital y son un riesgo de almacén). Se trata de una perspectiva tecnocrática. Dos perspectivas que hoy chocan de nuevo entre ellas: una que predica la virtualidad que acabará con todos los demás modelos de negocio, la otra que habla de diseño, gamas de producto que evolucionan y de comunicación fiel a la marca. Curioso, ambas predican que la otra está muerta...

Que si plataforma web o producto en el punto de venta. Hay que dar a conocer a ambos ante el consumidor. Comunicar allí donde las personas relevantes para mí se encuentran e intercambian. Y, seamos sinceros: en la Web 2.0 se están cometiendo en este aspecto fallos masivos. Sobre todo se han hecho en forma de tácticas de guerrilla, ya que se sigue pensando que en Internet las marcas disponen de un “ticket gratutito”. Estas tácticas sólo funcionan si no se destapa la manipulación o si son tan interesantes que el “good will”, al desenmascararlo, no se rompe. Hay marcas como www.skim.com que emplearon a ejércitos de estudiantes húngaros en x chatrooms para que de forma discreta señalasen una y otra vez hacia skim.com. Esto difundió la marca y funcionó muy bien. Quienes se enteraban les parecía tan gran hazaña que lo perdonaron. Pero cuando Hugo Boss intentó hacer lo mismo ya estaba mal visto (y copiado). Y si hoy lo intentan otros ya sólo se aprecia como algo bastante negativo.

Las tácticas de guerrilla sólo se las pueden permitir ciertas marcas. Para un banco, ni pensarlo. Además, hay que tener en cuenta que estas tácticas tienen un efecto local. En el mundo real escribes algo sobre una acera y en Internet sobre una Web. Ambas no crean un gran follón. Excepto si son potenciadas por los medios de comunicación. A cambio sé perfectamente a quien he llegado con la acción. No existe una garantía para la posterior multiplicación de mi mensaje vía comunicación boca a boca. En Internet esto no es muy distinto. Quien piensa que en la red cualquiera puede alcanzar con tácticas de guerrilla a la masa, se equivoca. No existe un ticket gratuito.

¡En dos semanas más sobre el marketing en las comunidades online!

Javier Piedrahita
Columnista de la Comunidad ICEMD
Director del portal MarketingDirecto.com
javier@marketingdirecto.com

Columna realizada por Javier Piedrahita en exclusiva para la Comunidad Web ICEMD

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