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La Columna de Javier Piedrahita 

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“Los marketeers deben reconvertirse en guías turísticos que ofrezcan consejos y sugerencias”
 

Estimada/o lectora, lector de la Comunidad del ICEMD,

Bienvenidos de nuevo a esta fascinante expedición “al país del marketing 2.0”. Seguimos hoy escuchando y analizando la opinión del ex chief scientist de Amazon.com, Andreas Weigend que recogemos una quincena más de esa publicación tan profesional que es nuestra impagable fuente, GDI Impuls. Este visionario ve como un gesto interesante el que una empresa ofrezca algo en caso de que otro cliente compre un producto gracias a “mi site en MySpace”. Lo que desde hace tiempo ya suelen hacer los programas affíliate. Es increíble ver con qué cariño la gente cuida sus sites en MySpace. Como un suizo su jardín o un alemán su coche. Y nadie les paga por ello, es parte de su realización personal. Si mi vecino se acerca para ver mi nuevo TV de plasma y se compra uno igual, me alegro. Pero no espero que la marca me pague una comisión por ello. Lo mismo pasa en la red. ¿Qué motiva a la gente para que vaya al conocido Craigslist y ponga en el apartado “para regalar”, productos que ya no necesita en casa y que son recogidos por desconocidos, en vez de tirarlos directamente? Todos estos ejemplos están sorprendiendo a los marketeers porque notan que existe una fuerza a la que no tienen acceso.

Nace la envidia hacia un mundo en el que predominan la honradez, la transparencia y la autenticidad mientras que uno mismo tiene que luchar con todos los trucos por la atención del consumidor. Quizás podríamos aprender de la historia. La televisión ya cambió masivamente al marketing. De pronto llegaron enormes pérdidas en la recepción por parte de la audiencia, ya que un mismo programa se emitía a muy diversas regiones del país. Algo que se intentaba compensar con una cobertura gigantesca. Pero allí está el problema: el viejo concepto de cobertura o alcance ha perdido su significado. Lo que realmente importa es cuántos bits y bytes en cuántas cabezas son cambiados por la comunicación. La cobertura puede ser enorme, pero si nadie mira…

Todo esto tiene que ver con que acaba la era de lo masivo. La individualización lleva a más productos de nicho. ¿Necesitamos nuevas formas de comunicarnos? Incluso un artículo tan vulgar como un detergente puede tener suspense. Quedé fascinado cuando Henkel me mostró su gama de productos. ¡Incluso tienen un detergente sólo para lavar ropa negra! Mi entusiasmo sobre este descubrimiento tuvo más efecto que cualquier slogan publicitario. El marketing del futuro debe ofrecer a la gente justo este tipo de descubrimientos. Aunque el modelo de clientes como embajadores o mensajeros conlleva también peligros. Rápidamente se pueden difundir mentiras y dañar a las empresas. El riesgo es que las informaciones falsas se quedan archivadas para siempre en Internet, mientras que en los medios clásicos existe el derecho a la rectificación. Pero confío en la autorregulación de la red que funciona perfectamente.

Weigend, que no tiene televisor, confiesa que cuando se ve expuesto a ese medio alucina sobre las insoportables repeticiones publicitarias. La publicidad clásica aún sigue intentando meternos a martillazo limpio las cosas. Y eso que estamos hoy en día ante un río lleno de nuevas cosas e informaciones que velozmente van pasando. De vez en cuando sacamos algo y hablamos entonces sobre ello con terceros. Mi único consejo a los anunciantes es que ayuden a promocionar ese discovery effect en el consumidor. Los publicitarios hasta ahora se preocupaban de muchos detalles, incluso de la tipografía de sus anuncios. Hoy podrían delegar más en los canales feed back. Además de que se les aproxima otra nueva tarea: deben reconvertirse en asesores en el flujo informativo, en personas que dan informaciones, que recomiendan al consumidor: “Eche un vistazo a esto”. Es decir, hacer la función de un guía de viaje.

La economía se convierte de una economy of scale en una economy of choice. Quienes recobran protagonismo son los guías turísticos. Son agentes a los que pagamos para que nos ofrezcan orientación y ayuda. Esto funcionará como un personal shopping assistant que le guía en su compra a través del gran almacén. Aunque no le va a recomendar ir a la competencia, usted confía en que actué en su interés y no en el del gran almacén. La mayoría de los guías en la red no tiene la perspectiva de empresa en su mente sino la necesidad honesta de llevar a sus clientes a la mejor experiencia y al mejor producto. Aquí es donde debe enganchar el marketing.

La estrategia es también ofrecer más confianza al cliente. Por ejemplo, el sistema de reservas en aviones Amadeus muestra a quienes lo utilizan un montón de informaciones que siguen el lema “no tenemos nada que ocultar”. Incluyen hasta información sobre los asientos cuyos respaldos no pueden reclinarse del todo. A muchos, esto les dará igual. Pero queda bien. Queda honesto. Mejor hacerlo así, a que un blogger enfadado informe a miles de personas de que el asiento delante del baño, en su vuelo con Iberia, no podía reclinarse para dormir cómodamente en las 14 horas que duró su vuelo a Lima... La tendencia a ser trasparente es importante y hay que felicitarse. Lo mismo debe valer para quienes escriben sobre los productos. Cada vez va a ser más difícil, caro y arriesgado para las empresas difundir mentiras. La posibilidad de que algo salga a la luz en la era de la comunicación C to C es muy grande. Las empresas no deben tenerle miedo a las falsas acusaciones en la red. Pero como exista un pelo de verdad en las mismas, sí tendrán razón para la preocupación.

Javier Piedrahita
Columnista de la Comunidad ICEMD
Director del portal MarketingDirecto.com
javier@marketingdirecto.com

Columna realizada por Javier Piedrahita en exclusiva para la Comunidad Web ICEMD

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